Comprendiendo la decisión en gestión

Del mismo modo que consideramos que cada persona es única, debemos considerar que es la toma de decisiones. Partiendo de esta premisa empezaremos a entender que cada persona, nos enfrentamos a los problemas de un modo diferente, desde el enfoque emocional hasta el modo de analizarlo y afrontarlo. En este sentido, la experiencia pasada respecto a como hemos resuelto situaciones iguales o parecidas, va a actuar como refuerzo positivo o negativo ante la nueva situación.

La decisión

La decisión podemos decir que es una elección consciente que desencadena una acción ya sea mental o física. De este modo podemos decir que cada decisión tiene tres características fundamentales:

  • Afrontamiento de acciones alternativas.
  • Cada alternativa supone unas consecuencias
  • Cada acción nos enfrenta a sucesos inciertos.

A partir de aquí, es sencillo suponer que cada acción alternativa motivará una serie de resultados provenientes de cada una de las alternativas. Además conviene saber que cada acción alternativa a una decisión es flexible y dinámica en el sentido de que según avanzamos en la resolución del  problema o situación planteada, el resultado se modificará según se desarrolle cada una de las actividades o pensamientos, que sean necesarios para llegar al punto final del proceso.

También conviene precisar que las consecuencias, son las reacciones provocadas por cada acción alternativa y serán diferentes igualmente por cada una una de ellas. Las consecuencias se codifican en forma de procesos mentales subjetivos que cada uno de nosotros, medimos en términos de bueno y malo, conveniente e inconveniente, satisfacción y frustración, ganancia y pérdida.

Otro componente de la decisión es la incertidumbre. De modo que podemos referirnos a la incertidumbre como, la incapacidad de referirnos al resultado de una acción o situación futura con certeza provocando sobre las personas o situaciones inseguridad, duda o perplejidad. Así, las situaciones de incertidumbre las podemos medir en términos de probabilidad, confianza y posibilidad.

Igualmente al hablar de decisión, debemos referirnos a las preferencias. De modo que, la preferencia asume la posibilidad de ordenar de forma real o imaginaria las alternativas que acompañan a cada una de las decisiones. Preferencia está ligado de forma inequívoca al mundo de la motivación como referíamos en semanas anteriores. Motivo por el cual, la relación entre motivación y preferencia va a determinar la elección de los objetivos personales en cada decisión alternativa y por tanto los resultados.

Debemos considerar igualmente el proceso inherente a cada decisión. Tomar una decisión conlleva un proceso, una serie de acciones y elecciones hasta llegar al resultado final que determina un curso de acción. Cada una de las alternativas que seamos capaces de identificar para cada decisión, nos obligará  a seguir un curso de acción diferente y por tanto  a un proceso diferente.

En este punto, debemos considerar un último elemento de la decisión, el juicio. Así, debemos referirnos  a este como la capacidad para valorar, estimar, reflexionar o inferir qué sucesos ocurrirán y qué reacciones provocará la decisión de forma evaluativa y proyectada al futuro. De este modo, la capacidad de juicio de cada una de las personas que toma la decisión va a caracterizar el estilo de toma de decisiones, la elección de alternativas y por tanto los resultados obtenidos.

Con lo dicho hasta aquí podemos comenzar a intuir en que consiste el proceso de toma de decisiones. De modo que, tomar una decisión conlleva adoptar una conducta y realizar unas acciones adecuadas y precisas ante una serie de sucesos o acontecimientos inciertos.  Cada situación que se nos presenta en la vida, en si misma ya produce la necesidad de tomar una decisión y por tanto es susceptible de aplicarle el proceso de toma de decisiones.

Decidir por tanto, es elegir lo relevante, diferenciar las características importantes de aquellas que no lo son, de forma que una vez analizadas las obviemos, y también determinando de forma inequívoca la relación existente entre ellas.

Una vez conocida la situación a la que nos enfrentamos, para tratar de tomar una decisión correcta, debemos analizarla en profundidad, elaborar las alternativas necesarias, aislarlas unas de otras para tratar de anticipar el resultado observando la incertidumbre inherente y que tiene que capacidad de alterar el mismo. De forma que, consigamos una imagen fiel de las consecuencias de tomar una decisión a través de elegir una  serie de acciones como modo de alcanzar un resultado.  

La experiencia en las decisiones a las que nos hemos enfrentado y siguiendo a Bandura, determinará la creencia propia en la eficacia para resolver problemas, generando una expectativa de eficacia. Del mismo modo, generará una creencia acerca de a qué tipo de decisiones podemos enfrentarnos generando asimismo, una expectativa anticipatoria sobre los resultados a alcanzar.

La orientación de los problemas basada en la experiencia de las decisiones pasadas,  va a generar que estos los enfoquemos de una forma positiva o negativa caracterizando por tanto, el estilo de decisiones, de los pensamientos inherentes a cada una de ellas, los cursos de acción y por tanto los resultados finales. 

Una orientación positiva de los problemas va a determinar que las decisiones sean vistas:

  • Como un reto al que enfrentaros.
  • Una situación compleja que podemos y tenemos capacidad de resolver.
  • Con fortaleza en el sentido sobre la capacidad y disposición a invertir tiempo y esfuerzo en su resolución.

Una orientación negativa de los problemas va a determinar que las decisiones sean vistas como:

  • Situaciones de alta complejidad y con alta probabilidad de no resolver.
  • Dudar sobre la propia capacidad de abordar el problema y resolverlo.
  • Generar frustración y estrés de forma anticipatoria.

No Comments
Post a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: