De la estrategia emergente a la deliberada en las organizaciones sanitarias

El desarrollo de una estrategia debe ser contemplada en todo momento como un proceso en evolución y con conexiones con todos los puntos de la organización de forma que mantenga activa a todas las personas que la componen en el desarrollo de la misma y en la consecución de los objetivos.

En este sentido, Montoya en 2010 definió la estrategia como un patrón de pensamiento y acción de las personas que componen la organización que de forma racional se dirigen a un objetivo a alcanzar a través de un proceso evolutivo.

Así podemos determinar que los procesos evolutivos son todos aquellos que orientan la acción y unen los distintos componentes de la organización dado que el vínculo, relación y colaboración entre las personas está siempre en permanente cambio y evolución.

De esta forma, es como debe ser contemplada una organización sanitaria, como una agrupación autónoma de entes que se orientan a un objetivo mediante el seguimiento de estrategias comunes que funcionan como engranaje y nexo de unión.

Por otra parte, hay que valorar el papel que juega la toma de decisiones en la parte estratégica de las organizaciones sanitarias. En este sentido Minzberg dijo sobre las decisiones que son, el compromiso de las personas hacia los objetivos de forma que cada decisión se toma de forma secuencial y ordenada hasta la consecución de éstos.

Las estrategias

Es conveniente mantener presente el concepto de estrategia que P. Druker mantuvo. Así podemos decir que estrategia es un proceso continuo para a través del conocimiento y anticipación futura, disminuir la incertidumbre presente.

De esta forma debemos concebir la presencia de dos tipos de estrategias, las deliberadas y las emergentes. Así estas deben ser contempladas como los polos de un desarrollo organizativo entre los cuales se mueven y se desarrollan toda una serie de estrategias.

Además, debemos considerar a las estrategias como poseedoras de un componente intencionado por ello, es necesario contemplar patrones de comportamientos de las personas que van a intervenir en el proceso estratégico.

Por tanto y siguiendo a Minzberg podemos decir que el proceso de toma de decisiones está orientado en torno a una serie de patrones intencionados y no intencionados, de forma que dentro de los que son patrones intencionados encontramos las estrategias que son puestas en marcha denominándolas estrategias deliberadas. Por otra parte y dentro de los patrones no intencionados de comportamiento determinamos las estrategias emergentes.

Así una estrategia deliberada puede ser la formulación de una estrategia que persiga la intervención sobre los pacientes crónicos.

Las estrategias deliberadas

Una estrategia deliberada  es un compromiso con la acción, de forma que cuando esta se prolonga en el tiempo, se conforma una estrategia. Considerando entonces que esta es producto de un proceso reflexivo.

Para que exista una estrategia deliberada según Minzberg deben darse tres condiciones:

  • Debe existir una intención previa en la organización de forma que se haya articulado previamente y definido cada uno de los puntos que la componen.
  • Debe ser considerada una acción común para el marco de referencia en el que se establece. Es decir, esta estrategia debe ser compartida por todas las personas a las que su implementación alcanza, ya sea la organización o como en el caso de las organizaciones sanitarias, cualquiera de sus unidades.
  • Debe ser implementada y realizada tal cual como se había diseñado según su pretensión, de forma que en el resultado no interfieren factores externos a ella.

Resulta evidente pensar, que la convivencia de estas tres condiciones resulta complicado que se den en el marco de las organizaciones sanitarias, dado que por sus propias características existen multitud de factores que influyen sobre cualquier acción que se quiera realizar. De esta forma, resulta difícil imaginar una estrategia que no sufra influencias de los usuarios, de los políticos rectores, etc.

Estrategias emergentes

Surge como resultado de los comportamientos llevados por los miembros de la organización y las acciones que siguen, tanto de forma deseada como no deseada.

Es resultado o consecuencia de un flujo irregular y no sistematizado. Igualmente observamos como no existe separación entre quien la planea y la ejecuta, tan solo hay una continuidad.

Para que exista una estrategia de este tipo debe existir una continuidad en la intención a lo largo del tiempo sin que exista una intencionalidad deliberada.

En este sentido y al igual que decíamos anteriormente, resulta complicado imaginar la ausencia de intenciones en las organizaciones sanitarias a la hora de realizar cualquier acción.

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