Sobrevalorando competencias. Sigue igual

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A la vista del complejo escenario social y profesional, donde las dudas, incertidumbres, cambios de opiniones, escenarios  donde de lo que dije ayer nada ya que es esto otro lo que nos interesa, sobrevuela ante nosotros una duda ¿Estamos acaso sobrevalorando competencias? cuando lo que importa es el interés particularmente personal del momento.

Y si no pensemos en temas tan de la actualidad de hoy como la prescripción enfermera, la elección de cargos en gestión sanitaria donde la meritocracia y la sobrada eficiencia que esta demuestra es sustituida por otras segundas y terceras cuestiones.

Siempre cuando hemos hablado de competencias profesionales, en este caso en el marco de la enfermería y de la gestión sanitaria hemos hablado de que estas se componen de una confluencia de capacidades de diferente origen que nos  conducen hacia la consecución de mejores objetivos.

Hablar del desarrollo de competencias es hablar de:

  • Del saber en si mismo, del conocimiento.
  • Saber hacer, de las habilidades.
  • Poder hacer, de las aptitudes.
  • Querer hacer, de las actitudes.

Este paradigma debe ser común para cualquiera de los campos en los que se desarrolla la actividad y el ejercicio laboral humano.

Tres campos pertenecen claramente al desarrollo profesional externo y la cuarta (el querer hacer) es básicamente de desarrollo interno.

Parece sencillo desarrollar los perfiles profesionales en base a estos cuatro pilares y fácilmente evaluables al menos tres de ellos.

En el campo del querer hacer, de las actitudes juegan otros condicionantes que se convierten en fundamentales por su influencia en el resto de los campos de desarrollo profesional.

Uno de estos apartados importantes a la hora del desarrollo del querer hacer es la diferenciación.

Parece fuera de toda discusión que distinguirse, tratar de hacer las cosas de un modo alternativo, alejado del pensamiento único es un buen modo de demostrar una “actitud” de trabajo ya que el salir de esa masa, de esa corriente donde muchos se sienten, nos sentimos cómodos siendo arrastrados por la corriente de la indiferenciación nos obliga a ello.sobrevalorando II

La diferenciación no consiste, ni ha consistido nunca en llevarle la contraria a nadie, consiste en que desde tu personal posición ejercer tus responsabilidades con un criterio y una visión propia.

El camino de la diferenciación es un camino complicado dado que significa presión, presión de esa masa, de esa corriente de agua que se siente cómoda desde la voz común en la que es difícil distinguir a los que suman de los que no, pero a los que es complicado aducirles falta de actitud en si mismo dado que ¿una posición diferencial no va a obligarnos a actuar per se, dado que de lo contrario se vería nuestra parálisis?

En este campo de la no diferenciación encontramos a todos aquellos gestores sanitarios atrincherados en el “no quiero que cambie nada”.. “si te diferencias… te ceso”, “No quiero irme”.

El mundo sanitario en general es muy adverso a a la diferenciación, a aquellas personas que se diferencian  por su forma de pensar o hacer, el exceso de identificación, celo y compromiso con el trabajo, el esfuerzo y otras cuestiones que terminan en el paciente centro del sistema a menudo se ponen en cuarentena y las rechazamos en base a los egos.

Otro aspecto intimamente ligado al desarrollo del área del querer hacer es el capítulo dedicado a los valores.

Los valores van intimamente ligados a la diferenciación y a su desarrollo.

Unos determinados valores pueden situarnos en una situación diferencial tanto en positivo, como en negativo.

Los valores son aquellos aspectos que orientan nuestro comportamiento, son creencias que nos hacen optar por unos aspectos y no por otros y lo que es más importante nos proporcionan una pauta tanto para formular nuestras metas y objetivos como  para elegir el camino para el logro de estos.

Hay que tener muy claro que al defender una serie de principios, de valores, en muchas ocasiones vamos a ser señalados, es por ello que cobra gran importancia el mosobrevalorando IIIdo de comportarnos de forma fiel a estos para que se establezca una asociación entre lo que somos y lo que hacemos de forma transparente y clara.

El entorno más burocrático y gestor del mundo de la sanidad es complicado encontrar gente que no diverja realmente entre lo que piensa y lo que hace.

Sirva como ejemplo el liderazgo. El liderazgo y el trabajo en grupo son dos de los conceptos más utilizados en el nuevo modo de hacer. Hablando de liderazgo a todos nos gusta hablar de liderazgo participativo y transformador, pero tan frecuente es  ver esto señalado como valor por algunas personas como ver a estos mismos la práctica del liderazgo autoritario disfrazado.

¿Y qué pasa con el liderazgo centrado en valores? ¿De verdad actuamos conforme a valores o a intereses?

¿Y por qué se produce esto? por la sucesión de factores que hace que la permanencia dentro de nuestro status quo son otros alejados de determinados que valores.

Defender lo que se piensa tiene un riesgo, defender por ejemplo que los equipos gestores deben estar formados por los mejores tiene un riesgo, un especial salto al vacío que no todos estamos dispuestos a realizar.

No ser fieles a nuestros valores tiene el riesgo de la credibilidad, no podemos estar hoy defendiendo una cosa y mañana la contraria dado que implica una falta de coherencia ya no pública si no de ética personal.

Sobrevalorando competencias

Es todo este mundo que rodea a la actitud lo que nos lleva a reflexionar si realmente el desarrollo competencial es tan importante o es un tema destinado a desaparecer.

Definimos competencias y luego actuamos conforme a otros criterios bien diferentes ,¿o no es así?,  por razones de comodidad, interés, necesidad puntual, el hecho es que en muy pocas ocasiones actuamos conforme al desarrollo competencial.

Gestión de Enfermería

4 Comments
  • Pedro Jesús Martínez

    Muy buen post. Mi enhorabuena. Totalmente de acuerdo contigo.

    enero 22 at 23:10
  • Sergio José Toribio Martínez

    Que gran post nos has dejado amigo Alberto, como siempre diría yo. Gracias.

    Lo mejor es que tienes toda la razón, y lo peor es que el pensar una cosa y hacer otra, o lo que es lo mismo SER INCOHERENTE, es algo que se da mucho en la profesión enfermera. Y hasta que no empecemos a gestionar con coherencia y dejando a un lado que los equipos pueden y deben estar formados por los mejores, y no por cuestiones de amiguismos o políticas, o de otra índole partidista posiblemente sea difícil cambiar algo desde las bases.

    Estoy convencido que se pueden hacer muchas y grandes cosas por y para el paciente y la enfermería si cada uno pone en práctica lo que dijo en su día San Francisco de Asís: “Comienza haciendo lo que es necesario, después lo que es posible y de repente estarás haciendo lo imposible”.

    enero 17 at 21:28
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